3 comentarios

“Eso no es jazz”, o cómo clasificamos la música que nos gusta

¿Qué razones nos llevan a clasificar a un grupo, a un solista o a un compositor como perteneciente (o no) a un determinado género musical? Dado el importante papel que juega la música en nuestra existencia, no sería de extrañar que dichas clasificaciones estuvieran basadas en mecanismos cognitivos complejos. Y, efectivamente, así es.

Confieso que, como músico amateur y melómano apasionado, siento un cierto reparo al hablar de música en términos científicos. Un reparo injustificado, claro está, ya que, como en tantos otros ámbitos, un poco de ciencia puede arrojar luz sobre la naturaleza de algunos de nuestros prejuicios (o, al menos, podemos intentarlo). Antes de entrar en materia, me gustaría ejemplificar esta afirmación: el caso llegó a mis oidos gracias a una buena amiga, así que, en cierta forma, este post está dedicado a ella… El lector/a puede encontrar al final del post algunos links a noticias referentes al suceso en medios de comunicación españoles.

En diciembre del año 2009 tuvo lugar el V festival de jazz de Sigüenza, edición que pasará a historia por un hecho surrealista. El lunes 7 de diciembre actuaba el saxofonista Larry Ochs. Pues bien, un espectador reclamó a la organización, la misma noche del concierto, la devolución del importe de su entrada, argumentando que la música de Ochs no era jazz, sino “música contemporánea”. Ante la negativa recibida, el espectador decidió denunicar el suceso a la Guardia Civil (una de las fuerzas de seguridad del estado español), argumentando en la denuncia que tenía a la música contemporánea “contraindicada psicológicamente”.

Posteriormente, el trompetista Wynton Marsalis, uno de los jazzmen contemporáneos más influyentes y todo un fundamentalista del jazz, rizando el rizo, decidió intentar localizar al denunciante para regarle, “en señal de gratitud”, su discografía completa autografiada.

Como aficionado al jazz, no puedo más que deplorar polémicas tan absurdas como ésta. Pero, dejando de lado contraindicaciones médicas, lo cierto es que constantemente realizamos juicios semejantes: “eso no es jazz”, “eso no es rock”,… Dicho en otros términos, constantemente realizamos categorizaciones conceptuales.

La categorización conceptual es un proceso vital para nuestra supervivencia, mediante el cual agrupamos en categorías (“conceptos”) diferentes ítems o fenómenos que guardan, o parecen hacerlo, una relación determinada. ¿Cómo funciona dicho proceso? (Para una discusión detallada, el lector/a puede consultar mi preprint “Conceptos” en el repositorio E-LIS).

La teoría que más tiempo ha dominado el estudio de los conceptos es el denominado “enfoque clásico” o “Teoría clásica” de los conceptos. El enfoque clásico mantiene que los conceptos tienen una serie de atributos necesarios y suficientes: esto quiere decir que para que un determinado fenómeno del mundo real sea incluido en una categoría conceptual ha de poseer ciertas características, y que si un determinado fenómeno posee ciertas características tiene
que ser incluido en una categoría conceptual predeterminada.

Pensemos en el caso del concepto “triángulo”: todos los triángulos son figuras cerradas, tienen tres lados y la suma de sus ángulos es equivalente a 180 grados. Así, todos los triángulos han de tener necesariamente estos atributos para ser considerados como tales, y la presencia de estos atributos es suficiente para considerar a una determinada figura geométrica como una instancia del concepto “triángulo” (Reeves, Hirsh-Pasek, Golinkoff; 2001: p. 205).

La pregunta que hemos de hacernos es: ¿poseen todos los conceptos atributos necesarios y suficientes? Y la respuesta es que no. Pensemos en un ejemplo de manual, la categoría “ave”. Los atributos necesarios y suficientes de esta categoría podrían ser: “volar”, “poner huevos”, “cantar”,… No obstante, parece claro que no todas las aves poseen estos atributos: por ejemplo, los pingüinos no vuelan y no cantan (en el sentido típico), y efectivamente son aves.

Estas consideraciones llevaron a las psicólogas Carolyn Mervis y Eleanor Rosch a proponer una teoría alternativa del proceso de categorización conceptual: la teoría del prototipo. Mervis y Rosch ya no hablan de atributos necesarios y suficientes, sino de atributos caracteríscos: si recuperamos el ejemplo del concepto “ave”, no todos los miembros de dicha categoría comparten de forma suficiente y necesaria los atributos que se supone que la definen, pero, aún así, sí que parece característico de las aves el presentar ciertos atributos, tales como “poseer plumas”, “volar”, “cantar”, “poner huevos”,… Los representantes de una categoría conceptual, pues, presentan un parecido de familia, noción que se remonta al filósofo Ludwig Wittgenstein.

De esta manera, la existencia de atributos característicos implica que ciertos ejemplos de la categoría serán considerados como más representativos de la misma que ciertos otros: son los llamados “prototipos”. De esta manera, las categorías conceptuales presentan una estructura graduada a medida que sus representantes dejan de presentar los atributos característicos (Reeves, Hirsh-Pasek, Golinkoff; 2001: p. 206). La existencia de prototipos conceptuales ha sido ámpliamente confirmada de manera experimental. Hagamos una prueba rápida: piense el lector en un representante de la categoría “ave”. Seguramente, éste ha sido “paloma”, “gorrión”, o semejantes, y no “buitre” o “pingüino”. ¿El motivo?: “paloma” y “gorrión” están más cercanos a un ave prototípica que “buitre” o “pingüino”, y lo están en virtud de poseer más atributos característicos (volar, cantar, poner huevos,…).

Volvamos a la música, que es el tema que nos ocupa: ¿podemos hablar de categorías conceptuales graduadas, generadas a partir de prototipos, que influyan en nuestras categorizaciones?. Sí y no.

Por una parte, si siguiésemos a la teoría clásica, habríamos de admitir la existencia de atributos suficientes y necesarios en los diferentes géneros musicales que consideráramos. Tomemos el jazz como ejemplo: podríamos decir que el jazz es una música basada en el swing, que se ejercita a un determinado tempo, donde predominan los instrumentos de viento, con una fuerte presencia de la improvisación,… Pero, a estas alturas, resulta obvio que no todos los intérpretes o bandas que han sido, de una manera u otra, incluidos dentro de la categoría “jazz” presentan estas características.

Daniel J. Levitin presenta un argumento semejante en Tu cerebro y la música (2008), obra en la que me estoy basando para realizar esta exposición:

¿Podemos definir “música” mediante definiciones? ¿Y los tipos de múscia, como heavy metal, clásica o country? […] Podríamos, por ejemplo, decir que heavy metal es un género musical que tiene a) guitarras eléctricas distorsionadas; b) batería fuerte y pesada; c) tres acordes, o acordes eléctricos, d) cantantes sexys que normalmente no llevan camisa, chorrean sudor y blanden el pie del micrófono por el escenario como si fuera un trozo de cuerda, y e) diéresis en los nombres de los grupos. Pero esta lista estricta de definiciones es fácil de refutar aunque en la mayoría de las canciones heavy metal haya guitarras eléctricas distorsionadas […] Hasta los Carpenters tienen una canción con una guitarra distorsionada, y nadie les llamaría “heavy metal”. Led Zeppelin (la banda de heavy metal quintaesencial, que se puede sostener que fue la que creó el género) tiene varias canciones en las que no hay ninguna guitarra distorsionada […]. “Stairway to heaven” de Led Zeppelin es un himno heay metal y no hay ninguna batería fuerte y pesada (ni guitarras distorsionadas en realidad) en el 90 por ciento. Tampoco tiene sólo tres acordes “Stairway to heaven”. Y muchísimas canciones tienen tres acordes y acordes eléctricos que no son heavy metal […]. Las definiciones de géneros musicales no son muy útiles; decimos que algo es heavy metal si parece heavy metal …, un parecido familiar (p 153-154)

Esto, claro está, no quiere decir que no podamos encontrar definiciones satisfactorias, al menos parcilamente, para los diferentes estilos musicales, ni muchos menos que cualquier categoría sea una construcción social arbitraria. Más bien, lo que implica es que los estilos musicales no son una entidad fija e inmutable, sino que lo que hoy consideramos como “jazz” no se asemeja al jazz de los orígenes, y quizás nada tenga que ver con lo que se considerará como jazz en el futuro. En el arte no hay una direccionalidad determinada, no hay un progreso neto: lo que se gana por un lado, se pierde por el otro.

No obstante, todo esto nos deja con otra cuestión que resolver. Todos tenemos más o menos una idea de, digámoslo así, cuáles son los prototipos correspondientes a, al menos, los géneros musicales más populares. En palabras de Levitin:

La gente parece estar de acuerdo en lo que son canciones prototípicas de categorías musicales, como por ejemplo “música country”, “skate punk”, y “música barroca”. Tienden a considerar ciertas canciones o ciertos grupos como ejemplos menos buenos que el prototipo: los Carpenters no son realmente música rock, Frank Sinatra no es “realmente” jazz, o al menos no tanto como lo es John Coltrane. (p. 156)

¿Resulta, entonces, que almacenamos en nuestra mente un batiburrillo de características típicas de cada estilo, a partir de las cuáles podemos determinar que Frank Sinatra no es realmente jazz, mientras que John Coltrane sí lo es? De lo dicho hasta aquí, parecería que así es, pero eso nos deja con la pregunta siguiente: ¿cómo hemos obtenido esos prototipos conceptuales? Personalmente, no recuerdo que nadie determinara la formación de mi categoría “jazz” mediante una exposición detallada de sus supuestas características típicas…

En filosofía del lenguaje, a este problema se le conoce como determinación del referente. Utilicemos una vez más (la última, lo prometo!), el ejemplo de la categoría “ave”. Puede que en la formación de nuestra categoría para las aves intervenga la identificación de una serie de características típicas, pero cuando observo a mi canario veo en él algo más que esas características: veo a canario. Si no fuese capaz de atribuir una identidad a los ítems que componen a cada categoría (mi canario, por ejemplo), todos los ítems que compartiesen ese mismo conjunto de características (ser amarillos, cantar,…) me resultarían indeferenciables (no podría distinguir a mi canario de otros canarios amarillos y cantarines).

En términos filosóficos, lo que se produce aquí es un contacto directo con el referente: puedo diferenciar a mi canario de otros canarios que prácticamente posean las mismas características gracias a un contacto, perceptual en este caso, con el dicho animalito. ¿Interviene el contacto directo en la determinación de géneros musicales?: la respuesta es que sí, y de una manera sorprendente: recordamos con una enorme exactitud un gran número de temas musicales, incluso en los más mínimos detalles. Éste es precisamente el resultado de uno de los experimentos de Levitin, en el que solicitaba a unos sujetos que cantaran canciones pop conocidas para estudiar el grado de adecuación entre la versión cantada por el voluntario y la canción en su grabación original:

En general tendieron a cantar con los tonos absolutos de sus canciones favoritas, o aproximarse mucho a ellos […]. Aquello era una prueba convincente de que la gente almacenaba la información del tono absoluto en la memoria, que su representación mnemotécnica no sólo contenía una generalización abstracta de la canción, sino detalles de una interpretación determinada. Además de cantar con los tonos correctos, aparecían otros matices de la interpretación; en las reproducciones de los objetos había numerosos artificios vocales de los cantantes originales. Por ejemplo, reproducían el “ii-ii” agudo de Michael Jackson en “Billie Jean” […] estaban haciendo el acompañamiento con la representación mnemotécnica que tenían en la cabeza, y la representación era asombrosamente exacata. (p. 164-165)

¿Pero por qué deberían funcionar determinados temas musicales como prototipos conceptuales, y no otros? ¿Qué hace que, para el espectador de Sigüenza, Larry Ochs no sea un músico de “jazz”, sino de “vanguardia”? Pues el hecho de que la música es un proceso fuertemente dominado por las emociones: asociamos canciones con momentos con un alto componente emocional, constituyendo lo que se suele denominar “la banda sonora de nuestras vidas”; además, diferentes canciones despiertan en nosotros diferentes emociones, de manera que somos más receptivos al trabajo de artistas que compartan unas determinadas características que a otros que no las compartan. El proceso es tan poderoso, que aprender a apreciar estilos, géneros o artistas a los que no estamos acostumbrados supone un verdadero desafío cognitivo.

Pero un desafío que vale la pena. Por mucho que siempre haya alguién que se empeñe en decirte lo que es y lo que no es jazz.

Bibliografía

Levitin, Daniel J. Tu cerebro y la música: el estudio científico de una obsesión humana. Barcelona: RBA, 2008. ISBN 978-84-9867-336-4.

Reeves, Lauretta M.; Hirsh-Pasek, Kathy; Golinkoff, Roberta. “Palabras y significado: de los elementos simples a la organización compleja”. En: Gleason, Jean Berko; Ratner, Nan Berstein (eds.). Psicolingüística. 2ª ed. Madrid: McGraw-Hill, D.L. 2001. p. 169-245

Linkografía

Un espectador denuncia a un músico de jazz por no tocar jazz” (Chema G. Martinez, El País)

Wynton Marsalis, tras el denunciante de Sigüenza” (Chema G. Martinez, El País)

El denunciante de Sigüenza reclama el premio de Marsalis” (E.F.S., El País)

La verdad sobre el caso Sigüenza” (Javier de Cambra, El Mundo)

3 comentarios el ““Eso no es jazz”, o cómo clasificamos la música que nos gusta

  1. Evelio, no te conozco, sólo a traves de una amiga común pero me has regalado una buena noche trasteando entre tus temas. A los que volveré.
    Si no fuera porque no tengo un sistema perceptico externo comun que me impide una real empatía… estaría a punto de colocarte en el concepto de amigo. Mi concepto, claro.
    Un abrazo (si te dejas)
    GRACIAS

    • Hola Teresa:

      Muchísimas gracias por tu cálido comentario: realmente, son estas cosas las que animan a seguir escribiendo y a seguir subiendo el listón. En cuanto a lo del abrazo… está hecho! De verdad espero que nos sigamos leyendo, y pueda seguir regalándote “buenas noches”.

      Un saludo y un abrazo fuerte.

  2. […] “Eso no es jazz”, o cómo clasificamos la música que nos gusta mayo, 20102 comentários […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: