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Por un relativismo moral moderado

El relativismo moral, de manera simplificada, es la tesis que mantiene que la verdad o la justificación de los juicios morales no son absolutas, sino relativas a un grupo determinado de personas. En este post, me propongo mostrar que es posible (y deseable) mantener un relativismo moral moderado,  en el que se mantenga la justificación relativa de algunos juicios morales defendiendo, al mismo tiempo, la existencia de justificaciones absolutas sobre otros.

Para ello, me voy a basar en el muy recomendable artículo de Chris Gowans sobre el relativismo moral en la Stanford Encyclopedia of Philosophy (SEP).

Como he comentado en la introducción, el relativismo moral (RM, de ahora en adelante) implica la existencia de desacuerdos irresolubles en torno a los juicios morales. Aunque el RM es perfectamente aplicable en el nivel de individuo concreto, resulta una idea mucho más interesante cuando se aplica al nivel de grupo humano, entrando así en contacto con el relativismo cultural.

De esta manera, puede que una acción sea considerada como “buena” en el seno de un grupo de personas, pero “mala” en el seno de otro, sin que haya manera de decidir de forma absoluta si la acción es buena o mala en sí. El RM nos viene a decir que la moralidad es una cuestión de “convención”, un acuerdo entre los integrantes de un grupo humano sobre lo que está bien y lo que está mal. Es por tanto de estas convenciones morales de donde nacerían las normas éticas, las que dictarían a los individuos del grupo qué deberían hacer en función de su código moral:

Una obligación es una necesidad convencional. Una permisión es una posibilidad convencional. Una prohibición es una imposibilidad convencional. Todas esas modalidades convencionales -las obligaciones, las permisiones y las prohibiciones- constituyen las normas. Una norma es una obligación o una permisión o una prohibición. Por tanto, toda norma es convencional. (Mosterín, p. 109 ; 2008)

Las normas no aparecen aisladamente, sino que se relacionan con otras normas, formando un código que, como las normas, resultará de naturaleza convencional:

Las normas no son válidas o inválidas en sí mismas, sino solo respecto a un código normativo determinado. […] Consiguientemente, los enunciados que expresan normas, los enunciados normativos, tampoco son verdaderos o falsos en sí mismos, sino solo con referencia a un código normativo dado. Por eso las preguntas normativas carecen de sentido, a no ser que estén relativizadas o referidas a un código. (Mosterín, p. 109-110 ; 2008)

Con estas consideraciones, podemos apreciar dos sub-tesis relacionadas con el RM:

  • Relativismo Moral Descriptivo (RMD): es la constatación empírica de la diversidad de juicios morales y de prácticas éticas asociadas, fundamentada en la antropología y otros campos del conocimiento relacionados, diversidad que deriva de las convenciones específicas de cada grupo.
  • Relativismo Moral Metaético (RMM):  es la constatación de la imposibilidad de encontrar una justificación absoluta para las manifestaciones morales de diferentes grupos humanos (ya que, como convenciones que se supone que son, éstas sólo estan justificadas dentro de cada grupo).

Si queremos, por tanto, realizar un examen del RM hemos de examinar, a su vez, las dos sub-tesis mencionadas (RMD y RMM). Por motivos de exposición, comencemos por la segunda sub-tesis, el RMM: ¿es cierto que no existe ninguna justificación de carácter absoluto para los sistemas morales? En otras palabras, ¿es cierto que no podemos determinar que una acción es “buena” o “mala” independientemente del grupo humano donde se produzca?

Traigamos a escena uno de los campos de estudio que más difusión está teniendo en los últimos años: el estudio de la moral desde el punto de vista evolutivo. En un breve post dedicado a la obra “La mente moral”, de Marc D. Hauser, ya apuntaba que las investigaciones que se han llevado a cabo hasta el momento apuntan a una clara dirección: la existencia de unos principios morales innatos, compartidos por la especie humana, producto de su evolución biológica. En ese mismo post, también mencionada los universales humanos postulados por Donald Brown: unas características comportamentales compartidas por una gran variedad de grupos humanos que no son producto del intercambio cultural. Entre estas características se encuentran comportamientos cláramente relacionados con la moral, de manera que los principios mencionados por Hauser, y postulados por otros investigadores, limitarian el rango de sistemas morales que los humanos podríamos poner en práctica.

Claro que esto no tiene por qué suponer ningún tipo de justificación: aún aceptando los hechos arriba mencionados, el relativista moral podría seguir considerando que hay discrepancias morales entre grupos, y que aún apelando a la ética evolucionista, estas discrepancias siguen siendo irresolubles.

Comparemos esta postura con la del escéptico radical  sobre el conocimiento. Simplificando, uno de los argumentos del escéptico radical reza como sigue: somos seres limitados, con unas capacidades limitadas, que delimitan nuestro grado de conocimiento de la Realidad; por lo tanto no estamos justificados a decir que sabemos lo que creemos saber, puesto que nuestro conocimiento siempre será un conocimiento limitado por nuestra naturaleza. Dicho de una manera más directa: ¿cómo sabemos que no somos presa del Genio Maligno de Descartes? ¿Cómo sabemos que la Realidad es como la percibimos, que lo que percibimos no es una ilusión causada por el Genio? Si no podemos aducir una justificación para nuestras creencias que borre esta duda, no estamos justificados a decir que conocemos, que sabemos, que la realidad existe.

La estrategia de la epistemología moderna, también de manera simplificada, pasa por conceder al escéptico radical que es cierto que no podemos justificar de manera absoluta nuestra creencia en la Realidad, pero que dicha justificación no es necesaria: tenemos buenas razones para creer en la existencia de un mundo externo, aunque no podamos determinar su “verdadera” naturaleza. Nuestro conocimiento puede que sea falible, pero eso no lo invalida (véase mi post sobre las virtudes epistémicas para una exposición algo más detallada).

La situación es semejante en nuestro caso de estudio: puede que no exista tal cosa como una justificación absoluta para nuestros juicios morales, precisamente porque la moral puede ser un producto de nuestra evolución biológica. Como he comentado más arriba, estamos constreñidos por esos principios, de manera que, simplemente, puede que no podamos razonar de otra manera en cuestiones morales. El filósofo de la biología Michael Ruse lo expresa de esta manera:

[…] ¿qué podemos decir de los fundamentos? ¿Cuál es el cimiento metaético de la ética sustantiva que se infiiere de la biología darwiniana? Tengo la impresión […] de que es un error buscar con lupa una fundamentación de este tipo. Lo mejor que podemos hacer es decir que así pensamos y nos comportamos. Al menos, no hay fundamento alguno mientras no comencemos a invocar a Dios, en cuyo caso, arribaremos presumiblemente a alguna clase de teoría sobre las leyes naturales como la que sustentan los católicos romanos […] (Ruse,p .268 ; 2008)

Lo  que sí se deriva, no obstante, de la ética evolucionista es la constatación de unos mismos principios básicos, de unas mismas necesidades, derivadas del hecho de nuestra condición natural. Así, de la misma manera que en epistemología no necesitamos (ni podemos aducir) una justificación absoluta, independiente de nuestras facultades, para nuestras creencias, en el terreno moral no necesitamos (ni podemos aducir) una justificación absoluta para nuestros principios morales, sin que ello implique que no podamos decir si un acto moral es bueno o malo en sí: aquellos actos que vayan en contra de nuestras intuiciones morales innatas serán percibidos como “malos”, independientemente del grupo humano en que tengan lugar; y a la inversa, aquellos actos que concuerden con nuestras intuiciones innatas serán percibidos como “buenos”, también de manera independiente del grupo en cuestión.

Pasemos a la primera sub-tesis relacionada con el RM, el Relativismo Moral Descriptivo (RMD). Aunque parece indudable que existe variedad de sistemas morales entre grupos, y que esta variedad queda reflejada en estudios de carácter antropológico, no deja de ser cierto que, al menos en parte, esta variedad puede venir determinada por los mismos principios universales, innatos, propuestos por la ética evolucionista. Hauser comenta:

En todas las culturas se entiende que los padres han de cuidar de sus hijos. Dentro de cada cultura y en la relación intercultural, torturar a niños pequeños por diversión o deporte está prohibido. Lo que varía de una cultura a otra son las condiciones que permiten que haya excepciones particulares a la regla, incluidas las condiciones para el abandono. Lo que aquí importa es simple: nuestra facultad moral está equipada con un conjunto universal de reglas, en las que cada cultura introduce determinadas excepciones. (Hauser, p. 73; 2008) (el énfasis es mío)

Y es que los principios morales innatos, y el conjunto de necesidades e intereses humanos comunes en los que éstos se reflejan, son lo suficientemente ámplios como para que cada grupo puedea expresar sus “excepciones”, por utilizar el término de Hauser.

Lo que estoy tratando de delinear con estos argumentos es un relativismo moral moderado, constituido por un núcleo de principios morales absolutos desde nuestra perspectiva como especie, y complementado por las diversas variaciones culturales que se expresan sobre esos principios. Podemos, pues, desde nuestra singularidad como especie, rechazar determinadas acciones como “buenas” o “malas” en sentido absoluto, mientras que determinadas concreciones morales pueden no ser juzgadas de esta manera, al ser variaciones específicas de cada grupo (véase el artículo mencionado Gowans en la SEP para encontrar, desde la filosofía, algunas propuestas de este tipo).

Repitamos: por supuesto que existe variedad de prácticas morales, pero me interesa resaltar que esta variedad se construye, en parte, sobre unos principios comunes. La idea de la “convención” intragrupal sobre lo que es “bueno” y “malo” queda de esta manera limitada.

 Podemos trazar de nuevo una analogía entre las supuestas convenciones morales y las convenciones en materia de racionalidad y justificación de creencias postuladas por el relativismo epistémico:

En general, el modelo de la racionalidad como obediencia a las convenciones de la sociedad presupone el mito de que la sociedad tiene convenciones uniformes, que los individuos meramente reflejan en sus creencias. Las culturas cerradas en las que las convenciones se imponen por sí mismas a todos los individuos constituyen hoy en día un cuento de hadas que solo tiene existencia en las mentes de ciertos ideólogos sociologistas. (Mosterín, p. 123; 2008)

Así pues, puede que las convenciones en materia de moralidad, aún aceptando la existencia de diferentes códigos morales en diferentes grupos humanos, no sean tan uniformes como la propia palabra “convención” podría darnos a entender. Siempre puede haber espacio para la modificación de prácticas que atenten contra las necesidades y la integridad del ser humano, por muy específicas de un grupo que éstas sean.

Y esto me lleva a una reflexión final. El RM es defendido por un gran número de personas bienintencionadas que ven en él un remedio contra lo que podríamos llamar “imperialismo moral”: esto es, la imposición de las normas morales de un determinado grupo sobre otro (u otros) grupo(s). Creo que el temor al imperialismo moral está bien justificado en algunos casos, pero en otros la defensa del RM no hace sino perpetuar injusticias y despropósitos disfrazados de “convenciones”. Puede que la imposición de normas morales externas al grupo no sea la solución más idónea a estas situaciones, pero eso no implica que tengamos que adherirnos al RM en su versión fuerte a toda costa. Podemos tomar una postura acorde con el RM moderado que he tratado de defender aquí: podemos crear las condiciones para que los individuos puedan sentirse libres para discutir la moralidad de su grupo de referencia; podemos fomentar el espíritu crítico al repensar el RM dentro de los límites del evolucionismo; y podemos defender una noción de la racionalidad apoyada en las virtudes epistémicas que rechace el escepticismo radical.

Bibliografía

Hauser, Marc D. La mente moral: : cómo la naturaleza ha desarrollado nuestro sentido del bien y del mal. Barcelona: Paidós, cop. 2008. ISBN 9788449321764.

Mosterín, Jesús. Lo mejor posible: racionalidad y acción humana. Madrid: Alianza, 2008. ISBN 9788420682068.

Ruse, Michael. Darwin. Madrid: Katz, 2008. ISBN 9788496859999.

2 comentarios el “Por un relativismo moral moderado

  1. […] entre grupos, no hay una moral mejor que otra”. También he tratado esta cuestión en un post anterior, pero el argumento básico en contra de esta creencia es parecido al arguemento en contra […]

  2. […] Teniendo en cuenta estas “virtudes epistémicas sociales”, la pregunta es: ¿se puede defender que haya algún tipo de conocimiento que se deba difundir entre la comunidad, por encima de otros tipos posibles? Sí se puede: el conocimiento sobre hechos éticos y morales. La justificación de esta afirmación también es un tanto compleja, por lo que de nuevo voy a tener que simplificar en base a lo que ya he escrito en otro sitio. […]

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