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Sobre las virtudes epistémicas

La epistemología de virtudes es una campo apasionante, y en plena efervescencia, dentro de la filosofía. En este post, voy a hablar sobre qué son las virtudes epistémicas, y sobre cuáles son los problemas relacionados con su estudio.

Antes de pasar a comentar las problemáticas relacionadas con qué debemos entender por “virtudes epistémicas” (VE, de ahora en adelante), es conveniente repasar, aunque sea superficialmente, qué es la epistemología de virtudes (EV, de ahora en adelante). Para el/la lector/a interesado/a en profundizar en la EV, es muy recomendable la lectura del artículo de la Stanford Encyclopedia of Philosophy, del que voy a extraer algunas consideraciones.

Pongámonos en situación. La epistemología, o teoría del conocimiento, es aquella rama de la filosofía dedicada al estudio del conocimiento, y a cuestiones fundamentales relacionadas con éste: qué es el conocimiento, cuáles son las fuentes de conocimiento, cuáles son los medios de que disponemos para la obtención de conocimiento,…. La EV tiene su primera expresión en un artículo del filósofo Ernest Sosa, The Raft and the Pyramid: coherence versus foundations in the theory of knowledge. En él, Sosa propone la EV como una solución a una dicotomía profunda en el seno de la epistemología tradicional: la dicotomía entre fundacionalismo y coherentismo.

Brevemente:

el fundacionalismo supone que el conocimiento tiene una estructura acumulativa, por decirlo así: existen diferentes niveles, donde cada nivel sirve como que soporte a los otros. La experiencia sensorial podría ser el nivel básico, que proporcione una base para el conocimiento observacional, a partir del cuál se puede inferir otro conocimiento. La justificación del conocimiento vendría dada por el o los principios epistémicos más básicos del sistema, aquéllos que en primera instancia permiten adquirir conocimiento.

el coherentismo pone el énfasis en las relaciones lógicas entre las diferentes “partes” del conocimiento. No es necesario suponer ninguna estructura concreta, puesto que lo que cuenta son las relaciones de apoyo entre las diferentes proposiciones que conforman el conocimiento de un individuo. Éstas relaciones serían las que aportarían la justificación del conocimiento del individuo.

Tanto el fundacionalismo como el coherentismo tienen sus propios problemas. El fundacionalismo enfrenta la dificultad de determinar cuál o cuáles serían los principios a partir de los que se cimienta la estructura del conocimiento: ¿podríamos hablar de un principio unificador, o tendríamos que suponer que las diferentes modalidades sensoriales se basan en principios diferentes? En cuanto al coherentismo, es poco plausible suponer que todo conocimiento tenga que estar unido a otros conocimientos mediante relaciones lógicas: por ejemplo, ¿qué tipo de relaciones lógicas se darían entre las creencias perceptuales y otras creencias?

En este contexto, Sosa propone la EV mediante la introducción de las VE. Estas virtudes podrían entenderse como disposiciones que permiten conseguir un bien intelectual: la clarificación de la verdad de un determinado asunto. En este sentido, una creencia justificada sería una creencia basada en las virtudes epistémicas, basándose el conocimiento en este tipo de creencias justificadas. Es importante notar que esta concepción supone un vuelco con respecto a la concepción tracidicional del conocimiento. Según el evidencialismo, por ejemplo, el conocimiento sería una creencia justificada por la evidencia, entendiendo las virtudes intelectuales como aquellas disposiciones que permiten adquirir una creencia conforme a la evidencia; para la EV, la creencia justificada sería aquélla que manifestara las VE, por lo que éstas estarían al inicio del acto de conocer, y no al final, en el proceso de evaluación de la evidencia.

Según Sosa, las VE serían aquellos principios que necesita en fundacionalismo como base para la adquisición de conocimiento: los seres humanos dispondríamos de VE relacionadas con la experiencia sensorial, que nos permiten la obtención de conocimiento mediante la adquisición de creencias justificadas (en el sentido de que, en circunstancias normales, nuestros sentidos nos proporcionan información correcta sobre el mundo). Por otra parte, las VE son las causantes de la coherencia entre conocimientos que propone el coherentismo, ya que la coherencia misma sería una manifestación de las VE: la coherencia incrementa la fiabilidad de nuestros conocimientos, por lo que sería una virtud epistémica por derecho propio.

Los posteriores desarrollos de la EV han puesto de manifiesto difencias en el papel que debería tener la EV en la epistemología tradicional. Pero, más interesane a mi juicio que estas divergencias, son las cuestiones relativas a qué ha de entenderse como una VE. Para ofrecer al/la lector/a una aproximación a estos problemas, voy a utilizar un artículo de síntesis del epistemólogo Jason Baehr (el artículo de Baehr también realiza un buen análisis de las diferentes maneras de entender el papel que ha de jugar la EV en la epistemología tradicional, pero no voy a entrar aquí a describirlas).

De entrada, como Baehr nos recuerda, hay dos maneras básicas de caracterizar las VE. Como hemos visto, Sosa utiliza una descripción de las VE que se relaciona con el funcionamiento de nuestro aparato cognitivo: nuestros sentidos son considerados como mecanismos fiables, puesto que en condiciones normales nos permiten la adquisición de creencias justificadas. Algunas de estas VE serían por tanto facultades como la visión, la memoria, la introspección,… Pero esa no es la única manera de entender las VE: también podemos pensar en virtudes basadas en el carácter del sujeto que conoce. Y no es sólo que ésta sea una manera posible de entender las VE, sino que es una manera necesaria, por dos motivos:

En primer lugar, hay determinados campos en los que la búsqueda de conocimiento es un valor deseable en sí mismo, y en los que dicha búsqueda no se explica únicamente en términos de la fiabilidad de nuestro aparato cognitivo: por ejemplo, campos como la filosofía, las matemáticas, la historia,…. Además, podrían darse situaciones o entornos en las que la búsqueda de conocimiento implique la superación de obstáculos significativos, cosa que tampoco depende únicamente de nuestra visión, memoria u otras capacidades parecidas. Tanto en lo que se refiere a determinadas áreas de conocimiento, como a situaciones en las que el proceso de adquisión de conocimiento está impedido de alguna manera, se necesita postular la existencia de VE relacionadas con el carácter intelectual del individuo: por ejemplo, determinación, apertura de mente, ….

En segundo lugar, como he mencionado más arriba, según el evidencialismo una persona estaría justificada en creer una proposición sólo en el caso de que la evidencia disponible apoye a esa proposición. Pero bien podría ser que esa persona manifestase un sesgo inconsciente que la hiciera sensible a determinadas evidencias que no son tales, sino más bien argumentos mal fundamentados. También en este caso, por tanto, es necesario postular la existencia de VE relacionadas con la manera en que los individuos examinen y juzguen la evidencia disponible. En este sentido, un individuo estaría justificado en creer una proposción si hay suficiente evidencia para esa proposición, y si el indiviudo ha examinado esa evidencia conforme a los principios de las VE.

Las VE relacionadas con el carácter del individuo que conoce resultan, pues, una pieza clave en la EV, ya que proporcionan el complemento natural a las VE relacionadas con nuestro aparato cognitivo. Así mismo, también resultan especialmente atractivas, ya que suelen asociarse a fuertes connotaciones positivas. Pero también es cierto que presentan el mayor desafío teórico, ya que no es nada fácil determinar cómo deberían caracterizarse virtudes como la opertura de mente, o la honestidad intelectual. Baehr nos muestra cinco dificultades asociadas al estudio de este tipo particular de VE, que encuentro especialmente interesantes:

En primer lugar, está la cuestión de la naturaleza de las VE, es decir: ¿qué hace de un rasgo en particular una VE? Se supone que las VE son fiables, en el sentido de que permiten al individuo obtener conocimiento en una mayoría de situaciones, evitando el error. Pero no es claro que las VE basadas en el carácter siempre sean fiables, ni que lo sean consideradas por separado. Boehr nos presenta el ejemplo de un individuo intelectualmente cuidadoso, pero dogmático y cerrado de mente: en este caso, la presencia de una VE (el celo intelectual) no implicaría que el individuo adquiriese una mayoría de creencias verdaderas. Así pues, si la fiabilidad es una característica definitoria de las VE, pero no podemos decir con certeza ciertos rasgos, por separado, sean necesariamente fiables, ¿en qué sentido pueden ser considerados esos rasgos como VE? Sería necesaria suponer una “unificación” de esos rasgos, pero entonces ¿cuál sería la naturaleza de esa unificación?

En segundo lugar, tenemos la cuestión de cuál es la estructura de las VE, esto es: ¿qué estados psicológicos son esenciales en una VE? Hay autores que defienden que una rasgo fundamental de cualquier VE es la motivación por la verdad. No obstante, parece que las VE poseen esencialmente un carácter cognitivo, doxástico (es decir, relativo a las creencias). Si, como hemos visto antes, podría ser necesario suponer una unificación de las VE, ¿de qué manera estarían relacionados los estados cognitivos que se encuentran en la base de las VE?

En tercer lugar, ¿cuáles serían los fines, o los objetivos, de las VE? En principio, el objetivo de las VE sería la verdad, pero también podrían suponerse otros objetivos, como la comprensión (recordemos el caso de los ámbitos de conocimiento mencionados anteriormente: filosofía, matemáticas,…..). También es importante considerar la motivación de la persona intelectualmente virtuosa: ¿hablaríamos siempre de una motivación egoísta (adquisición propia de creencias verdaderas), o se podría defender la existencia de VE no centradas en el individuo? Estas últimas serían plausibles en dominios como la enseñanza, o el debate público.

En cuarto lugar, ¿sería posible realizar un perfil de las VE? Esto es, el análisis de las VE se desplazaría de las condiciones necesarias y suficientes de los rasgos, a una caracterización de las VE que permita ofrecer una visión general de qué podría entenderse como “crecimiento intelectual”.

En quinto lugar, podríamos preguntarnos si el éxito o el fracaso de la adquisición de conocimiento en determinados dominios depende, o no, del ejercicio de unas VE concretas. Así, para un determinado dominio, podríamos preguntarnos: ¿cuál es la estructura del dominio?; ¿qué tipo de virtudes demanda el dominio en cuestión?; ¿cómo contribuye cada virtud al éxito en la adquisición de conocimiento dentro del dominio?

Todas estas dificultades son comprensibles, si tenemos en cuenta la naturaleza psicológica y personal de las VE relacionadas con el carácter. El estudio de estas virtudes intelectuales es, por tanto, una de aquellas áreas de intersección entre la filosofía y la psicología. A mi juicio, el problema de investigación más prometedor es aquél relacionado con la creación de un perfil de las virtudes, si se tiene en cuenta los recientes desarrollos de la psicología cognitiva en áreas tales como los sesgos, los heurísticos o los marcos mentales.

3 comentarios el “Sobre las virtudes epistémicas

  1. Un artículo interesante y bien elaborado, como de costumbre. En relación al artículo, comentar que el desafío que plantea la definición de las VE es enorme pero de una importancia caudal, porque se centra en el fundamento último de la epistemología. Creo que podemos afirmar, sin temor al error, de que existe una “verdad” (independientemente de que se pueda definir mejor o peor) y de que el hombre normal de a pie, sin afecciones mentales, puede valorar su grado de “conocimiento” en función de ese estándar que llamamos “verdad” objetiva. Si un hombre se encuentra libre de afecciones mentales, creo que es poco defendible que pueda escudarse en que no sabe apreciar la “verdad” objetiva. Más bien, resulta en estos casos que no hay interés en verla, que hace falta ajustar la “definición” de “verdad” a las capacidades intelectuales del individuo para que pueda entenderla etc. Cualquier cosa menos esgrimir que se es incapaz de reconocer la “verdad” objetiva. El paso de definir qué capacidades/características permiten el reconocimiento de esa “verdad” objetiva creo que puede tener beneficios no sólo ya educativos, sinó a nivel de las relaciones humanas y de cómo se entiende, en último término, el mundo.

    • Hola Francesc, y muchas gracias por tu espléndido comentario:

      Tienes toda la razón: la definición de las VE tiene, a mi juicio, una importancia tremenda para la epistemología. Y es que la epistemología tradicional, preocupada por refutar al escepticismo, ha necesitado hipotecar sus discusiones con ejemplos valiosos, pero realmente alejados de nuestra vida cotidiana (por ejemplo, el famoso caso del “genio maligno” de Descartes). Las VE pueden acercar la preocupación por la verdad a, como muy bien dices, el hombre normal de a pie. Y no sólo la preocupación, sino incluso más importante, los fundamentos de la discusión racional. Cuestiones éstas (la verdad, la justificación) que como bien dices en tu comentario, pueden proporcionar beneficios a varios niveles.

      Muchas gracias de nuevo, y un saludo.

  2. […] enlace. Para saber más sobre las virtudes epistémicas, también podéis consultar en este blog un post dedicado a su análisis. Advertisement GA_googleAddAttr("AdOpt", "1"); GA_googleAddAttr("Origin", […]

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