6 comentarios

¿Una evidencia a favor de la modularidad del lenguaje?

La idea de que la mente está formada por módulos que procesan información áltamente especializada ha sido una de las más influyentes de la Ciencia Cognitiva contemporánea. La modularidad de la mente fué propuesta por primera vez por Jerry Fodor, su obra de 1983 The modularity of mind. Desde entonces, la idea de Fodor ha sido aplaudida y criticada en igual medida, produciendo interesantes debates en los que participan investigadores de diferentes áreas. En este post, voy a hablar de un reciente experimento que puede ser una prueba a favor de la idea de que el lenguaje es un módulo mental especializado, y que, además, puede abrir prometedoras vías de investigación.

Pero, para ello, antes necesitamos comprender qué es un módulo mental. Y la mejor manera de conseguirlo es hablando de las características que definirían a un módulo mental (según Fodor). Voy a utilizar como guía el artículo de la SEP dedicado a la modularidad de la mente (en el que, además de una presentación básica, se discuten aspectos complementarios sobre la teoría de Fodor).

El rasgo más sobresaliente de los módulos mentales sería su encapsulación informacional. Con este término, lo que se quiere decir es que otras partes de la mente no pueden ni influenciar ni tener acceso al funcionamiento interno del módulo en cuestión.

El ejemplo más citado de esta característica es la existencia de ilusiones perceptivas, como la ilusión Müller-Lyer, en la que aún cuando sabemos que las dos líneas que vemos son de la misma longitud, no podemos evitar seguir viéndolas de diferente longitud: en otras palabras, nuestro sistema cognitivo encargado de la elaboración de creencias no afecta al funcionamiento del sistema perceptivo, lo que se supone como prueba del encapsulamiento de éste último.

Ilusión Müller-Lyer

La incapacidad de nuestro sistemas de creencias para modificar el funcionamiento de los módulos mentales recibe el término técnico de impenetrabilidad cognitiva.

La consecuencia lógica del encapsulamiento nos presenta otra característica de los módulos: su inaccesibilidad. Los módulos son inaccesibles en el sentido de que las representaciones intermedias con las que trabajan para producir sus resultados son inaccesibles a la consciencia (por lo que no son, como se suele decir, explicitables). Piense el lector, por ejemplo, en la nula consciencia que tenemos de la manera en que funciona nuestros sistemas perceptivos.

El encapsulamiento, la impenetrabilidad y la inaccesibilidad tienen como consecuencia otras tres características que se suponen típicas de los módulos mentales:

  • Obligatoriedad de su funcionamiento (al no estar los modulos bajo control consciente, las operaciones del módulo se disparan cuando se presenta el estímulo adecuado).
  • Velocidad de procesamiento
  • Superficialidad (sus operaciones requieren una computación reducida)

Los módulos mentales también se supone que son de dominio específico, en el sentido de que sólo ofrecen una respuesta a un determinado tipo de “problemas”. Éste es un punto problemático, ya que no hay acuerdo unánime sobre cómo deberían entenderse estos dominios: por ejemplo, podríamos hablar de dominios altamente específicos, como la percepción de color, o el reconocimiento de rostros, o de dominios más genéricos, como las modalidades sensoriales clásicas (visión, olfato, audición,…) y, muy importante para este post, el lenguaje.

También se dice que los módulos son funcionalmente disociables: al responder únicamente a información específica, el mal funcionamiento de un módulo no afectaría al correcto funcionamiento de los demás. De hecho, están bien documentadas la existencia de alteraciones cognitivas altamente específicas que, aparentemente, no afectan al funcionamiento de otras facultades, por ejemplo: prosopagnosia (incapacidad de reconocer rostros), acromatopsia (ceguera al color), agramaticalidad (pérdida total de la sintaxis), dislexia, …

Finalmente, haré referencia a una última característica de los módulos: su carácter innato. Se supone que el funcionamiento de los módulos viene predeterminado, de manera que la influencia ambiental tiene poca influencia en la conformación de su manera de funcionar.

A lo largo de los años, estas características han recibido críticas que han llevado a la revisión y/o matización de algunos puntos (véase el artículo de la SEP para más información). Pero, como he apuntado más arriba, la controversia más interesante tiene que ver con qué facultades cognitivas habrían de entenderse como correspondientes a un módulo mental. Una de las facultades más obvias que podrían asociarse a un módulo sería el lenguaje. Y ello debido a su propuesto carácter innato (en promedio, los bebés humanos desarrollan la lengua atravesando los mismos estadios en momentos semejantes), a la existencia de fenómenos de disociación cognitiva (véase más arriba), y a su funcionamiento, aparentemente no influenciado por el control consciente.

No obstante, la idea de que el lenguaje pueda ser un módulo ha recibido algunas críticas hasta el momento convincentes:

  • Por un lado, experimentos sobre el reconocimiento de palabras parecen mostrar que, en una oración que favorezca la interpretación de una palabra en su sentido más habitual, sólo este sentido es activado en el cerebro: por tanto, el conocimiento extralingüístico del hablante sí influiría en el lenguaje, por lo que la idea de que el lenguaje sería un módulo encapsulado perdería credibilidad.
  • Por otro lado, diferentes estudios han mostrado que tareas no lingüísticas (relacionadas con la aritmética, la memoria de trabajo y la música, por ejemplo) activan las mismas áreas cerebrales que tareas lingüísticas, por lo que el lenguaje no sería una facultad específica de dominio (una de las características típicas de los módulos).

Y aquí es donde entra en escena un reciente estudio, llevado a cabo por Evelina Fedorenko y sus colaboradores, reseñado en la página web de notícias del MIT.

Los experimentos que determinan la activación de zonas del cerebro relacionadas determinadas actividades cognitivas se llevan normalemente a cabo con la técnica imagen por resonancia magnética funcional (fMRI). Como hemos visto, hasta el momento parecía que los datos de estos experimentos demostraban que tareas no lingüísticas activaban las mismas zonas del cerebro que tareas lingüísticas, con lo que quedaría desacreditada la especificidad de dominio del lenguaje. Pero Fedorenko y sus colaboradores, sostienen, basándose en su análisis, que estos resultados podrían consecuencia de sesgos inducidos por la metodología de utilización de la fMRI.

¿Y cómo se suele utilizar la fMRI?: utilizando grupos de análisis, en los que los investigadores testean a varios sujetos, utilizando los datos medios recogidos durante la activación de sus cerebros, para identificar después las zonas concretas en un mapa cerebral que represente esa media. Para Fedorenko éste es problema: esa representación media podría ocultar las zonas exactas de activación de cada individuo, con lo que la metodología podría llevar a conclusiones erróneas sobre la no modularidad del lenguaje.

Y para comprobarlo, Fedorenko y sus colaboradores variaron la metodología de aplicación de la fMRI: en lugar de analizar a un grupo de sujetos, para después obtener datos medios de actividad, analizaron a sujetos por separado mientras llevaban a cabo tareas linguïsticas complejas durante 10-15 minutos. De esta manera, se obtuvieron datos individuales de la activación de las zonas cerebrales que podían ser comparados con los datos de la activación de zonas durante la realización de siete tareas no lingüísticas: una de aritmética, dos de memoria de trabajo, tres de control cognitivo y una de música. Esto es, las tareas que más frecuentemente se han identificado como activadores de las mismas áreas del cerebro que las tareas lingüísticas.

Los resultados fueron sorprendentes: de las nueve regiones del cerebro monitoreadas, ocho respondieron únicamente a las tareas lingüísticas, no mostrando activación durante las otras siete tareas cognitivas.

Aunque habrá que esperar a futuras investigaciones que apoyen o refuten los resultados obtenidos, el estudio de Fedorenko supone de momento un buen apoyo a la idea de la modularidad del lenguaje, al mismo tiempo que abre nuevas posibilidades de investigación en diferentes campos al mostrar las debilidades del actual uso de la fMRI, y proponer una alternativa más robusta.

6 comentarios el “¿Una evidencia a favor de la modularidad del lenguaje?

  1. Felicitats per aquest article, molt interessant!
    Las preguntas te las hago in person🙂

  2. ME ACLARASTE LA IDEA DE MODULARIDAD QUE HABIA LEÍDO DE Karmiloff-smith.
    muchas gracias hermano.

  3. Me encantó, muy buen trabajo, siempre me he sentido inquieta por el tema de los procesos psicológicos del lenguaje y pensamiento. Muchas gracias por este aporte!.

  4. Felicitaciones y me gustaría mantenerme actualizada en este campo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: