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Las bases cerebrales del prejuicio racial

Gracias a la revista digital Ciencia Cognitiva, he descubierto un interesante estudio que muestra cómo se refleja en la actividad del cerebro el prejuicio racial hacia otros grupos humanos distintos de los del individuo. El trabajo ha sido llevado a cabo por el Laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias del INECO, en colaboración con la Universidad Diego Portales de Chile. Su metodología, sencilla pero eficaz, nos enseña con toda claridad el automatismo del prejuicio racial.

Los investigadores se centran en la percepción que en Chile algunos individuos tienen del grupo étnico mapuche que, según los autores:

posee una larga historia de privación y opresión social asociada a prejuicios negativos por parte de la sociedad chilena no aborigen, para quienes los mapuches son estereotipados como violentos, rudos, perezosos y poco inteligentes […]

El trabajo se basó en el procedimiento IAT (del inglés, Implicit Association Test), en el que los participantes en el experimento tienen que categorizar, presionando dos botones, distintos estímulos que se les presentan en un monitor. Los investigadores monitorean tanto el tiempo en que los individuos tardan en presionar los botones como la actividad cerebral de los sujetos al realizar la tarea.

Con este proceso, los investigadores buscaban medir en un primer estadio las respuestas cerebrales de aborígenes mapuches y no aborígenes chilenos, cuando a éstos se les presentaban imágenes de miembros tanto de su grupo de procedencia (endogrupo) como de fuera de su grupo (exogrupo).

En un segundo estadio del experimento, los individuos tenían que clasificar (mediante la pulsación alternativa de los botones) aquellas palabras que se les presentaban en el monitor y que tenían un significado “positivo” (“amor”, por ejemplo) como “agradables”, palabras con un significado “negativo” (“odio”, por ejemplo) como “desagradables”.

En el tercer y último estadio, la clasificación de rostros y palabras se hacía de manera conjunta, en bloques en los que se mezclaban los dos estímulos:

En bloques llamados “compatibles con el sesgo racial”, los sujetos habían de presionar el mismo botón para rostros del endogrupo y las palabras de la categoría “agradable” por un lado, y el otro botón para los rostros del exogrupo y las palabras de la categoría “desagradable”.

En bloques “incompatibles con el sesgo racial”, había de presionarse el mismo botón para los rostros del endogrupo y las palabras de la categoría “desagradable”, mientras que el otro botón había de presionarse para los rostros del exogrupo y las palabras de la categoría “agradable”.

Según los investigadores, el prejuicio racial de los individuos se detectaría si éstos eran más rápido en responder a las caras del endogrupo (estadio uno del experimento), así como si los individuo eran más rápidos en responder a los bloques compatibles que a los incompatibles con el sesgo racial (estadio tres del experimento).

Y eso fue justo lo que encontraron. Mediante la técnica de los potenciales evocados (ERP, del inglés Event Related Potentials) se pudo distinguir un componente de la dinámica cerebral, llamado N170, que consiste en un cambio negativo de voltaje en la actividad eléctrica del cerebro entre los 130 y 180 milisegundos posteriores a la presentación de un rostro. Ese cambio de voltaje era de mayor para los rostros del exogrupo que del endogrupo. El equipo responsable de experimento interpreta este resultado como una prueba de que

el cerebro realiza mayor esfuerzo para detectar rostros del exogrupo que para reconocer rostros del grupo de pertenencia y que este esfuerzo puede detectarse pocos milisegundos después de la presentación del rostro.

También se pudo observar que el cambio de voltaje del componente N170 era mayor cuando los participantes observaban rostros del endogrupo asociados a palabras negativas que cuando se observaron rostros del propio grupo asociados a palabras positivas. Así:

el cerebro es capaz de detectar muy rápidamente contextos positivos asociados a individuos de la misma raza, frente a contextos negativos.

En otras palabras: reconocemos más rápidamente los rostros de nuestro grupo de procedencia, y nos cuesta más asociar connotaciones negativas a esos mismos rostros que a rostros de grupos diferentes.

La velocidad con que tienen lugar el proceso (recordemos: de 130 a 180 milisegundos), nos muestra en toda su crudeza el poder que ejercen sobre nuestro inconsciente, una vez establecidos, los prejuicios raciales.

Créditos:

Imagen de antitezo

 

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