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Los niños cooperan para resolver un problema, los chimpancés no


Los humanos compartimos con los chimpancés un buen número de características comunes en cuanto a cognición. Pero las diferencias también son más que notables. Un nuevo estudio, llevado a cabo por investigadores del Instituto Max Planck de Antropología evolutiva y del Instituo Max Planck de Psicolingüística, ha mostrado que los niños tienden a colaborar para resolver un problema, a diferencia de los chimpancés.

El equipo de investigación incluye al prestigioso psicólogo Michael Tomasello, experto en cognición comparada y social.

Los investigadores presentaron a niños de tres años y a un grupo de chimpancés de un santuario de la República del Congo una tarea (la imagen superior) que podían llevar a cabo solos o en colaboración con un compañero: en concreto, podían tirar de los dos extremos de una cuerda para conseguir una recompensa (comida) o bien podían tirar de uno sólo de esos extremos, mientras un compañero tiraba del otro extremo. El experimento estaba diseñado de tal manera que ni los niños ni los chimpancés encontraran ningún incentivo para elegir una opción frente a la otra.

Los resultados mostraron que los niños cooperaron en un 78% de ocasiones, frente al 58% de ocasiones en que lo hicieron los chimpancés. Así pues, los niños eligieron cooperar activamente, mientras que los chimpancés eligieron cooperar o no cooperar prácticamente al azar.

Los chimpancés en la naturaleza dan muestras de colaboración en la resolución de problemas, siendo el ejemplo más claro las batidas de caza organizadas.

Pero está claro que los humanos nos implicamos en actividades cooperativas más variadas y complejas. Las diferencias entre chimpancés y humanos no habrían de verse como una diferencia cuantitativa en inteligencia, sino como una diferencia cualitativa: tanto chimpancés y humanos poseen un conjunto de estrategias propias para resolver aquellos problemas ecológicos en que evolucionaron ambas especies, por lo que es de esperar que encontremos diferencias más o menos marcadas en ámbitos concretos.

Así, por ejemplo, los chimpancés no poseen una teoría de la mente semejante a la humana, pero sí que poseen su particular teoría de la mente: mientras que en los humanos la comprensión de los estados mentales ajenos tiene lugar tanto en actividades de cooperación como de competición, en los chimpancés esta comprensión es más marcada en las actividades de competición.

De esta manera, experimentos como éste son los que nos permiten realizar hipótesis sobre el tipo de interacciones sociales que marcaron la evolución de las diferentes especies de primates.

Créditos:

Imagen del Instituto Max Planck de Antropología evolutiva

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