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La neurociencia del optimismo

Que hay personas más optimistas que otras, es un hecho. Pero esas actitudes, ¿se reflejan de alguna manera especial en la actividad del cerebro? El neurocientífico Christoph W. Korn así nos lo explica en un artículo en Scientific American.

Korn llevó a cabo un ingenioso experimento, junto con Tali Sharot y Raymond J Dolan, en el que se basa su artículo. El experimento fue reseñado hace un tiempo en el blog BPS Research Digest. Su trabajo es interesante porque muestra cuáles son las áreas concretas del cerebro que se activan cuando valoramos la información de una manera optimista o pesimista, sino porque muestra que los sujetos del experimento mostraron un marcado sesgo hacia el optimismo.

Los autores pidieron a unos sujetos que estimaran la probabilidad de padecer 80 eventos adversos, como desarrollar Alzheimer o ser atracado. Después de esas estimaciones, se les mostró a los sujetos cuál era la probabilidad para una persona de su clase social y de su estatus económico de padecer esos mismos eventos.A continuación, los experimentadores sugirieron a los individuos que podían modificar sus estimaciones basándose en esa información, si así lo deseaban. Durante el proceso, los tres investigadores escanearon el cerebro de los participantes.

Los sujetos mostraron un sesgo a la hora de modificar sus predicciones: se mostraron más dispuestos a modificar sus predicciones que habían sido demasiado pesimistas, mientras que se mostraron menos dispuestos a revisar las predicciones que fueron más optimistas. En palabras de Korn:

When given good news — i.e., a bad outcome is not as likely as you thought — people responded strongly. But given bad news, they tended to change their prediction only a little bit.

Cuando los participantes descubrían que habían sido demasiado pesimistas, se observó un incremento de la actividad en los lóbulos frontales, y más concretamente en el giro frontal inferior derecho; por contra, cuando descubrían que sus predicciones habían sido demasiado optimistas, se observó una disminución de la actividad en esas mismas áreas.

Puedes leer el artículo de Scientific American en este enlace, y la reseña en BPS Research Digest aquí.

 

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