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Los bonobos: ¿una especie autodomesticada?

Los animales que han sido domesticados por el hombre suelen presentar unas características comunes que los diferencia de sus parientes salvajes: por ejemplo, un comportamiento más dócil y una apariencia menos agresiva.

En el mundo animal, hay un caso que recuerda mucho a este proceso de domesticación: los bonobos. Este simio africano es similar al chimpancé, con el que está estrechamente emparentado, pero posee, como los animales domesticados, unas características diferenciales: son menos agresivos que los chimpancés, poseen un cráneo y unos caninos más pequeños, y pasan más tiempo jugando y practicando el sexo.

Por tanto, los bonobos parecen la versión domesticada de los chimpancés. Un nuevo estudio realizado por el antropólogo Brian Hare propone que los bonobos habrían pasado por un proceso de domesticación pero sin la intervención humana: los bonobos serían una especie autodemesticada.

¿Cómo se pudo dar ese proceso? Según Hare, los bonobos podrían haber evolucionado en un ambiente en el que la agresividad no hubiese supuesto ninguna ventaja: los individuos más cooperativos hibesen obtenido una ventaja, lo que a la larga hubiese producido sus características distintivas.

En concreto, Hare cree que bonobos y chimpancés divergieron de un ancestro común hace entre uno y dos millones de años, después de que la formación del rio Congo hubiera separado sus poblaciones.

Ambos grupos se hubieran enfrentado a diferentes ambientes. La población que acabaría creando los chimpancés, se enfrentó a más competencia por la comida, debido a la presencia de gorilas. La competición favoreció los rasgos más dominantes y agresivos de los chimpancés actuales.

En cambio, los simios de la región de los bonobos se encontraron libre de esa competencia. Con más recursos, prosperaron los individuos con predisposición a la colaboración y a la formación de alianzas pacíficas. Como resultado, esta población comenzó a madurar más lentamente, cambiando su físico y adquiriendo rasgos propios de especies domesticadas.

La teoría es controvertida, por lo que se necesitarán más estudios sobre genética, comportamiento y ecología para confirmarla o descartala.

Podéis leer una reseña del artículo en Scientifiic American.

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