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El uso tendencioso de la neurociencia en los medios de comunicación

La neurociencia es, con toda seguridad, el campo de investigación de las ciencias cognitivas que más atención está recibiendo en la última década. Y es que un gran número de neurocientíficos se ha animado a ofrecer estudios que tratan temas amplios y controvertidos, como las adicciones, la política, las diferencias entre sexos o el libre albedrío (por citar algunos).

Estos estudios son acogidos con gran entusiasmo por los medios de comunicación, gracias a la facilidad de obtener titulares espectaculares a partir de las ideas que en ellos se expresan. Pero este tratamiento informativo puede ser tendencioso, precisamente por la propia naturaleza de la investigación: hipótesis sólo apuntadas por los resultados pueden convertirse en hechos demostrados en función de las líneas editoriales de los medios; de la misma manera, unos resultados obtenidos con muestras reducidas pueden generalizarse para incluir a poblaciones enteras de sujetos.

Un artículo publicado en la revista Neuron muestra cómo seis de los principales diarios del Reino Unido hacen un uso tendencioso de las últimas investigaciones en neurociencia, manipulando los resultados de las investigaciones para reflejar sus tendencias ideológicas.

El estudio analizó los artículos dedicados a la investigación sobre el cerebro en seis periódicos del Reino Unido (The Daily Telegraph, Times, Daily Mail, Sun, Mirror y The Guardian) durante el periodo 1 de Enero de 2000 y 31 de Diciembre de 2010: un total de 2.931 artículos.

El estudio identificó tres grandes bloques de temas emergentes, mencionando algunas tendencias en su tratamiento en los medios:

 1.El cerebro como un recurso a cuidar y potenciar

Los estudios relacionados con la salud y el cuidado de nuestras capacidades a menudo se relacionan con juicios de valor sobre la calidad de la atención que los padres prestan a sus hijos, amparados en hechos que se generalizan con excesiva facilidad:

Parents were advised to take action to promote their children’s neurocognitive performance. The brain was positioned as an important reference point in child-rearing decisions, recruited to indicate the ‘‘correctness’’ of parenting practices. Parents were told, for example, that they should give children fish oils to promote academic success or limit computer usage to attenuate the risk of attentional difficulties. Pronouncements on parenting practice acquired scientific authority through claims that these practices had specific effects on children’s brains.

 2. El cerebro como un índice de diferencia entre grupos

El contenido de los artículos que reseñan estudios que muestran diferencias en la actividad neuronal en diferentes grupos de personas tiende a corresponderse con el contenido de estereotipos ya bien asentados; además, se atribuyen a grupos enteros un mismo “tipo” de cerebro:

The content of media coverage of such groups tended to correspond with the content of existing stereotypes: for example, articles regularly linked obesity to low intelligence, adolescence to disagreeableness, and women to irrationality. […] There was little room for ambiguity in media portrayal of group-related brain differences. It was common to encounter the phrase ‘‘the [adjective] brain,’’ with the brackets filled by categories like ‘‘male,’’ ‘‘teenage,’’ ‘‘criminal,’’ ‘‘addicted,’’ or ‘‘gay.’’ This implied the existence of a single brain type common across all members of the category and distinctly different from the brains of the categorical alternatives. Social groups were essentialized and portrayed as wholly internally homogeneous.

3. El cerebro como una prueba biológica de creencias o fenómenos

Es el bloque donde los medios son proclives a la falacia naturalista: tomar por “bueno” una creencia o fenómeno sólo porque ésta se expresa de manera “natural” en el cerebro:

In social discourse, what is ‘‘natural’’ is often equated with what is just or right: implicit in the descriptive ‘‘is’’ statement is a normative ‘‘ought’’ statement. The potential for neuroscience to establish biological causality therefore made it a potent rhetorical resource. In pointing to a phenomenon’s neural correlates, journalists could portray themselves as dispassionate observers demonstrating the simple fact of that phenomenon’s rightful place in the natural order. For example, research indicating that people have cognitive difficulty with ‘‘multitasking’’ was used to assert that productive female participation in both the labor market and family life is neurobiologically impossible.

Además, los resultados de estudios puntuales tienden a generalizarse como explicaciones de fenómenos amplios, aun cuando los resultados sólo sean aplicables a las situaciones controladas de laboratorio en que se obtuvieron.

En definitiva, el estudio nos presenta un buen resumen del tipo de conclusiones y generalizaciones que deberíamos evitar cuando leemos lo que, según los medios de comunicación, son los últimos descubrimientos en neurociencia. Podéis leer el artículo original  en este enlace.

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