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¿Existencialismo evolutivo?

seronoserEl trabajo interdisciplinar entre las ciencias y las humanidades nunca ha sido fácil. Pero bien podría ser que un esfuerzo de este tipo puediese arrojar luz sobre algunas concepciones equivocadas del pensamiento científico moderno.

O al menos ésa es la opinión del biólogo evolutivo David P. Barash que, en un artículo para The Chronicle, realiza una síntesis entre dos líneas de pensamiento aparentemente muy alejadas la una de la otra: el existencialismo y la biología evolutiva.

Y es que Barash sostiene que ambas tradiciones son compatibles en el hecho de que sugieren que la ciencia no ha eliminado completamente nuestra comprensión sobre la libertad. De esta manera, según Barash:

 A philosophy of “human meaning” can coexist quite well with a science of “genetic influence.”

Las diferencias entre existencialismo y biología evolutiva, aparentemente,  no son menores. El existencialismo sostiene que no hay ninguna esencia prefijada en el ser humano,  y por tanto somos radicalmente libre de escoger cómo queremos vivir. La biología evolutiva, por contra, da a entender que gran parte de nuestra vida está gobernada por nuestras disposiciones genéticas, que producen una influencia en nosotros de la que no solemos ser conscientes: en otras palabras, parece que la idea misma de “libertad”, central en el existencialismo, es negada por la biología evolutiva.

Barash no opina lo mismo. Y es que el conocimiento de las influencias genéticas sobre nuestra conducta puede proporcionarnos el conocimiento necesario para gobernar nuestras vidas:

Thanks to evolutionary insights, people are acquiring a new knowledge: what their genes are up to, i.e., their evolutionary “purpose.” An important benefit of evolutionary wisdom is that […] it leaves us free to pursue our own, chosen purposes. Sometimes those purposes involve a conscious decision to refrain from, say, reproducing­—something unimaginable in any other species. At other times (all too rarely), they might involve deciding to extend an ethic of caretaking to include other human beings to whom we are not immediately related, or even to include other species, with whom we share comparatively few genes.

Esto no es lo mismo que decir que somos completamente libres de decidir la vida que queremos tener. Los genes constriñen nuestras vidas en ciertos sentidos, pero Barash cree que nuestro legado evolutivo es “permisivo” en un amplio rango.

Hay otro punto importante que comparten existencialismo y biología evolutiva: la falta de sentido último de la vida. Para los existencialistas, la vida no tiene un propósito último: sencillamente, somos “lanzados al mundo”, un mundo en el que el ser humano ha de labrar un sentido para su existencia. De manera parecida, la evolución no es un proceso que se encamine hacia una menta, ni tiene más propósito que la reproducción y la descendencia en un ciclo que no se detiene nunca.

La respuesta de los existencialistas a la falta de sentido era la apuesta por una rebeldía creativa, mediante la que el ser humano pudiera crear sus propios fines y valores. Según Sartre, fingir que uno no es libre de hacerlo es un síntoma de “mala fe”. Como hemos visto más arriba, la biología evolutiva también deja un importante lugar a esa rebeldía, aunque con ciertas limitaciones:

As descendants of both existential and evolutionary perspectives, we have the opportunity to assert ourselves as creative rebels. We may elect intentional childlessness. We may choose to be less selfish and more genuinely altruistic than our genes might like. We may decide to groom our sons to be nurses and our daughters to be corporate executives. I would go farther, and suggest that we must do such sorts of things—deny aspects of our own biological heritage—if we want to be fully human. The alternative—to let biology carry us where it will—is to forgo the responsibility of being human […]

Así, Barash opina que sobre la base de este existencialismo evolutivo lo que necesitamos es un mayor fomento de la desobediencia, no sólo hacia la autoridad política y social, sino a las inclinaciones problemáticas hacia las que nos pueden conducir los genes:

Along with a capacity for altruism, we also appear to have been endowed with occasional tendencies to ill-treat stepchildren (who are, of course, unrelated to one’s self), to give free rein to any number of violent tendencies, to discriminate against others who appear different from ourselves, to value short-term successes over long-term consequences. It is a good thing that we are not marionettes, dancing at the end of strings pulled by our DNA. It is also a good thing that we can identify any such tendencies, and decide whether to defy our inclinations or go along with them. It is largely when we act in ignorance of our biology that we are most vulnerable to it.

Un refrescante punto de vista, que podéis leer en su totalidad en este enlace.

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